Todo un sueño

Quizás es todo un sueño, pero puedo ver a ese niño hambriento comiendo el plato de arroz que le he preparado. Es lo primero que come en una semana y media. Desde entonces sólo ha bebido agua, y dudo de que fuera buena. A su lado, veo al presidente de mi país, que por primera vez es humilde y entiende al pueblo. Mientras ayuda a la madre del niño a cavar un pozo me fijo en que tiene la camiseta rota y sucia, será porque viene de El Salvador, donde ha ayudado a reconstruir un poblado tras morir cuatrocientas personas por un huracán. Me ha contado que allí conoció al jefe de uno de los organismos económicos mundiales más importantes, y parece que es un hombre sensible y amable. Juntos han ideado unas reformas que favorecerán el crecimiento económico del tercer mundo y acabaran por fin con los gobiernos autoritarios.

También veo al presidente negro de una potencia mundial. Está acomodado en una silla, mirándonos, expectante. Detrás de él veo a un hombre blanco, obeso, está fumando un puro. El blanco mira al negro con condescendencia, a veces parece que controle todo lo que éste hace y dice. El niño me pregunta si en mi país existe el sol. Me quedo estupefacta. “Pues claro que existe, pero no se ve tan bien como aquí”.

De repente llega otro hombre que nos tapa la luz del caluroso astro solar, éste lleva una especie de túnica negra y larga, con un ribeteado blanco superior. Se ofrece para ayudarnos. Le trae al niño una botella de agua y un bote con cereales. Lleva una cruz colgando y predica la vida lejos de la ostentación. Dice que en este mundo, aunque diferentes, todos somos iguales y dignos de respeto. Le sonrío y pienso: no entiendo porqué el mundo va tan mal, si todo parece ser tan bueno.

Entonces pienso que quizás todo esto sea sólo eso, un sueño.