Por mucho que te exijan los demás, sé tú mismo

El otro día cenaba con una amiga y hablábamos de la situación del mundo del deporte, y de la natación en concreto. Éramos dos exnadadoras de élite sentadas en un restaurante, cenando el día de San Valentín. Cada una tiene ahora su vida, pero hará unos 10 años no teníamos nada.Teniendo en cuenta todo el follón que ha habido con Anna Tarrés (que por cierto ahora se mete de jurado en Antena 3) o el sueldo de Mireia Belmonte, hoy aparece una noticia en la que se acepta el mal comportamiento del equipo de natación olímpico de Australia, tanto de exigencia como en temas de alcohol, por ejemplo.

Volviendo a lo que explicaba, en la conversación que mantuve con mi compañera se explicaron algunos hechos brutales, a mi entender, sobre la exigencia de un deporte de élite. No diré nombres de clubs (aunque si alguien me conoce ya sabe de quién hablo) porque muchas de estas sectas que llegan al deporte de élite son iguales. La corrupción empieza desde lo más alto. el director técnico i el director del club se vuelven unos déspotas y transmiten ese malestar al resto del equipo técnico. Los entrenadores pierden cualquier rastro de empatía y los compañeros… dejan de ser compañeros.

Toda esta contaminación de humo negro y podrido no ha sido siempre así. Hará unos 20 años también se exigía, pero se era más consciente que se exigía a una persona, a un ser humano, y había ciertos límites. Ahora las niñas de 12 años se pasean por la piscina como si fueran las reinas de la pasarela y las de 20 muerden a cualquiera que les pueda hacer sombra.

Si en algún momento crees que hay confianza entre los nadadores, espera a salir de ese mundo, verás que rápido pasas a ser un bicho raro. Y no sólo entonces, si durante tu trayectoria de nadador profesional no sigues al líder, puedes sufrir bullying y rechazo. Puede parecer demasiado dramático, pero desgraciadamente, cuando empiezan a caer las medallas empieza la guerra. Anna Tarrés ha sido muy criticada porque presuntamente maltrató psicológicamente a sus nadadoras. Debo aceptar que hace falta que te presionen un poco para llegar a lo más alto (y he escuchado cosas mucho peores que las declaraciones de las exnadadoras de la Tarrés), pero nunca se puede olvidar que estás hablando con una persona. Debería haber un psicólogo al lado del entrenador que ayudara a esa comprensión mutua  tanto del entrenador que quiere lo mejor de su nadador como del nadador que debe entender que las palabras de su míster debe dirigirlas a mejorar, y no a cambiar su forma de ser.

Gracias a acciones como medir la masa de grasa que tienen los deportistas de 10 años delante de sus compañeros, decir que “con ese culo no necesito parasol” o simplemente, dejar de hablar al deportista o no decirle los tiempos, llegamos a casos de bulimia o anorexia. Por desgracia no son pocas las chicas que conozco con este problema debido a la exigencia que se les echa encima.

No creo que ninguno de los afectados me lea, pero se puede extrapolar a otras situaciones de la vida donde alguien te aprieta y te aprieta. Pero ni en el peor momento debemos dejar que nos cambien ni que nos hundan.

Somos quienes somos y como somos, y punto.