Historias en femenino: ¿Lo sabías?

Estoy en la orilla de la playa, el viento sopla con fuerza y me enreda el pelo. Tengo un poco de frío pero no cambiaría por nada del mundo el lugar donde me encuentro. El sonido del mar me tranquiliza, sentada en una roca algo incómoda, dejo mi mente en blanco y permito que me acaricie la brisa. Me gusta poder estar allí, sin pensar en nada, sólo disfrutando del momento, conociéndome mejor.

Aunque tengo los ojos cerrados y el viento se cuela por mis oídos oigo perfectamente al hombre mayor que está pescando. Está con su perro, Nuca, y le grita que no se acerque a la orilla. Abro los ojos porque su voz algo ronca me resulta familiar. Al verle, no le reconozco, pero hace que recuerde a mi abuelo y las horas que pasábamos jugando en el corral de la casa o plantando algunas flores en el jardín del que cuidaba con tanto cariño.

Aún y así, echo algo de menos, cierro los ojos con fuerza, pero el corazón me empieza a latir muy fuerte, me estoy poniendo nerviosa y no sé porqué. Noto un calor interior que no puedo controlar. Bocanadas de aire frío se cuelan en mi cuerpo y aún y asi noto calor. Tras unos segundos de desconcierto, poco a poco recupero el ritmo normal de mi respiración, tengo ganas de sonreir, y lo hago.

Y es justo en ese momento que alguien se acerca y me dice: “¿Sabías que tu sonrisa ilumina tu cara?”

Ahora me doy cuenta, es por eso que voy a la playa, porque con el viento la vida te trae sorpresas, pero tienes que saber estar en el lugar adecuado para vivirlas.