Historias en femenino: Esta vez no te va a coger

¿Conoces la sensación de desfallecimiento cuando estás corriendo? Es cuando parece que el estómago llama a la puerta de tu boca, tu garganta no da de sí lo suficiente para coger todo el aire que necesitas respirar. Notas los ojos más grandes de lo normal y el corazón ha encontrado su nuevo hogar en tu sien.

Intentas contar exhalaciones e inhalaciones. Una, dos, tres… pero eres incapaz de contar más allá del tres o el cuatro, tu mente vuela en esos momentos entre golpes de tambores y martillos. Las mejillas te queman y las manos están medio dormidas. Los pies y las piernas ya no pueden correr más, y tu cabeza parece que tampoco les está dando la orden de continuar.

Paras y te agachas, tu nariz a punto de tocar las rodillas. ¡Vaya! Ahora que no estoy haciendo estiramientos soy capaz de doblarme completamente, si mi entrenador personal me viera… El flato empieza a subir desde el costado hasta el estómago, continúa por el diafragma y termina apuñalando el corazón. Parece que hasta los riñones se unen a la fiesta. Los músculos flaquean, no puedes más.

Te levantas, erguida como un animal al acecho. Miras hacia atrás y ves al monstruo, ese hombre que parece que no te puede dejar tranquila. Los moratones de la cara no se disimulan aún y cuando tu corazón late a 100 por hora y tienes toda la sangre en la cabeza. El brazo izquierdo te duele todavía de la última paliza. Pero esta vez has decidido correr, huir de él. Y esta vez, no te va a coger.