Historias en femenino: Cuando tú no estés aquí

¿Habéis pensado a dónde vamos una vez ya no estamos? ¿Vale la pena estar si tu mente ya se ha ido? ¿Podemos escoger nosotros cuándo nos vamos?

La muerte nos llega a todos, pero es diferente según la persona.

Si tenéis a algún familiar o conocido cercano enfermo, entenderéis perfectamente de lo que hablo. Hace unos días Brittany Maynerd [SIII???] escogía una muerte dulce por un cáncer terminal que sufría. Según sus palabras, antes de perder la noción de lo que hacía y que su familia lo pasara mal, prefería dejar este mundo de forma digna. Creo que ha tenido un par de narices, porque con 29 años te queda toda una vida por delante, pero entiendo que no quiere deteriorarse y pasarlo mal.

En mi caso, he vivido en mi familia 3 cánceres y 1 alzhéimer. Un cáncer se llevó la vida de mi abuelo, los otros dos por suerte se han superado satisfactoriamente por las dos mujeres más veteranas de mi familia. Pero el alzhéimer… ¡vaya mierda de alzhéimer!

Mi abuela sufre esta enfermedad neurodegenerativa desde hace casi 12 años. Ella me crió y me alimentó durante años, tenía muchas memorias de ella cocinando, avisándome que no me asomara tanto a la ventana, bailando con ella en la fiesta mayor del barrio, con mis primas y la vecina jugando… Al principio todo empezó con despistes, pero un día se perdió en su camino hacia el cementerio para enterrar a su pareja. Allí empezó la caída libre. Estar sola fue lo peor que le pudo pasar en ese momento.

Consejo: si tenéis a alguien con alzhéimer, NO LE DEJÉIS SOLO. Estar acompañados es lo que más ayuda a frenar esta enfermedad. Mi abuela tuvo la suerte de coincidir en “el baile” con un hombre que, tal y como él me dijo: “Ella es como si fuera mi mujer, yo sé qué es lo que tiene, y la voy a cuidar”. La enfermedad estaba demasiado avanzada, así que cuando él me dijo esto pensé que eso era amor y el resto eran tonterías. Se hicieron compañía, pero aunque tuvo épocas muy buenas, finalmente volvió a empeorar.

Y ahora ¿dónde está? En una residencia, sola, sin reconocer a nadie. Lleva tanto tiempo así que ya casi no recuerdo los buenos momentos. No se vale por sí misma y tampoco es consciente dónde está. No hace nada.

Yaya, cuando tú no estés aquí te echaré mucho de menos, pero de hecho ya llevo años echándote de menos. ¿Dónde está la mujer que me decía siempre que qué alta estaba? ¿La que me decía que en la vida tendría de todo porque trabajaba como la que más? ¿La que me tocaba la mano y me llamaba guapa, la que con un abrazo solucionaba todo o la que me contaba que una vez siendo bebé me escondí a los pies de la cama y al bajar de tender la ropa no me encontraba?

Cuando tú no estés aquí no te veré más, pero hace tiempo que te veo como no me gusta verte.