Historias en femenino: El cáncer más frío

La acompaño allí sentada. Las paredes son de un grisáceo oscuro que hiela la sangre. Los asientos son incómodos, hechos para no reposar el trasero más que 5 minutos. Hombres y  mujeres con batas o con scrubs pasan de un lado a otro. Nadie mira a nadie, mirada al frente o al suelo. Es el espacio más desangelado e inhumano que he visitado. Parece que no haya vida, pero en realidad… en realidad la sangre de estas personas está hirviendo.

Miro a mi lado, la veo. Ella mira al suelo mientras juega con una de las tiras de su bolso. Ese bolso que compró en la playa, de colores fuertes, fuertes como ella. De colores vivos, vivos como ella. Y no como esta sala asquerosa. También repiquetea con los pies. Cualquiera puede ver que está nerviosa, pero ¿quién no?

En la sala no estamos solas. Como ella esperan más de 10 mujeres. Todas ellas superan los 50, y, probablemente, les gustaría estar acompañadas, o en cualquier otro sitio. En la vida de una mujer hay varios momentos en los que sentimos miedo: un parto, una ruptura sentimental, una muerte o un fracaso laboral. Pero levantamos la cabeza y seguimos adelante, somos las cabecillas de la manada, si no tiramos nosotras, no tira nadie. Pero en este momento, en este maldito momento, somos las más débiles. La vuelvo a mirar, como yo, se da cuenta que tiene a 12 compañeras como ella sentadas en esas incómodas sillas, mirando ese feo gris y esperando… sobre todo esperando. Parece que es lo único que pueden hacer.

Nadie lee, ni mira el móvil. Por dentro se les revuelve todo. Están esperando por una mamografía.

Sí, sí, lo sé. No hace falta ser tan dramática. Se toman miles de mamografías cada día, y además se hace para prevenir el cáncer de mama, bueno, prevenir no, detectar de forma precoz. Pero para cualquiera que me lea y haya estado en una sala así… sabe que es un momento dramático. Según la Asociación Española Contra el Cáncer, 1 de cada 8 mujeres sufrirá cáncer de mama. Por suerte el índice de mortalidad es cada vez más bajo. Pero el susto y el mal cuerpo de hacerte una mamografía en ese espacio tan frío y vacío, no te lo quita nadie.

¿Por qué el cáncer más frío? Porque a ella se lo detectaron allí, en la frialdad de un hospital. Fue hace ya más de 5 años, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Entre un hospital público y uno privado, abogo por el que sea más humano. Me da lo mismo quién lo pague, mientras este sea cálido y tenga empatía hacia sus usuarios. A ella le detectaron cáncer de mamá y salió adelante, pero muchas veces pienso en qué fue de las otras 12 mujeres. Sé que con alguna coincidieron en Risoterapia, horas gratuitas de superación y risas proporcionadas por la AECC. Pero, ¿y las que no? A esas mujeres, a esas guerreras la vida se les fue de las manos entre esas paredes grises feas, en esas sillas incómodas, en ese silencio. No es justo, pero como muchas cosas en esta vida no son justas. No es justo que una mujer que ha trabajado toda su vida, lleve 10 años sin acordarse de cómo atarse los zapatos, o que por ser mujer debas ir con cuidado por la calle por esos “pervertidos”.

Estoy segura que si juntamos un poco nuestras mentes, logramos hacer que estos malos momentos sean un poco mejores, más “calentitos” por lo menos.