Estereotipos estereotipdaos, desestereotípate

Después de escribir el título, ha dejado de tener sentido la palabra “estereotipo”. Desgraciadamente, para muchos no. La comunicación, tanto interpersonal, grupal como la de los medios, son grandes responsables de todos estos moldes que una persona tiene que llenar para poder sentirse parte de la sociedad.

Las rubias son tontas, los hombres son más fuertes, con mi novia no puedo ser como soy con mis amigos, mi madre es una plasta, etc. son expresiones que seguro más de una vez hemos utilizado y utilizaremos a lo largo de nuestra vida. Bien, párate a pensar. Quizás hay una rubia con premio nobel, quizás un hombre es un tirillas o mi novia me puede comprender en mi actitud más masculina.

Muchas veces, los problemas radican en ese punto. No podemos ver a la gente de nuestro entorno como un estereotipo con el que hay que cumplir: “si sé que ella es mi novia y se enfada porque hablo con otras, no se lo digo”. Lo mejor es pensar: “quiero a esta chica, quiero estar con ella, y sabiendo que le sienta mal mi actitud frente a otras mujeres, me voy a cortar un poco”. Es mejor no generar problemas, a generarlos, esconderlos y hacer daño, porque todo se acaba sabiendo.

El “es mejor pedir perdón que pedir permiso”, popularizado por Jordi Évole, está muy bien para cuestiones con un fin positivo, pero no cuando hay sentimientos de por medio. Cada ser humano que tenemos cerca, tiene unos sentimientos, es diferente a cualquier otro, tiene unas necesidades y seguramente se desviva por hacer que seamos felices. Pues bien, hay que corresponderle con esfuerzo por nuestra parte y darle también aceptación a esas peculiaridades que demuestra.

Muchas veces sobreprotegernos nos es lo mejor, sino dar la cara y aceptar el error, luchar para que no aparezca de nuevo. Paulo Coelho escribe en su último libro que al encontrarse con un amigo, éste le dice: “No he venido a traer la paz, he venido a traerte la espada”.