Un emprendedor a las buenas y a las malas

Hoy en día el término “emprendedor” es muy sufrido. Se utiliza para hablar de cualquier joven o cualquier mayor que, lejos de encontrar un trabajo digno, se lanza con su propia iniciativa al mundo laboral feroz. ¿Es positivo ser emprendedor?

En mi opinión está en medio de lo bueno y lo malo. Es fantástico tener una idea e intentar llevarla a cabo tú mismo con tus ganas y tu experiencia (que suele ser poca). ¿Pero qué pasa? Que el primer muro que encontramos es la administración, tarda en darnos permisos, pone problemas, hace pagar dinero que obviamente no se tiene y por eso se emprende, etc.

El siguiente muro lo podemos encontrar si necesitamos financiación. Si tenemos unos padres, abuelos o derecho a crédito en el banco, no estamos tan esclavizados. Pero en muchos otros casos es necesario buscar y encontrar socios que aporten capital a esa nueva empresa que intentas construir con tanto cariño. Esos inversores pueden ser meros buitres en busca de proyectos carnaza de los cuales de cada 100 inversiones sólo uno sale rentable, y de ese rentable le sacan todo el jugo antes de que el emprendedor pueda saborear el éxito.

Bien, igual soy un poco radical. Estoy segura que hay cientos de emprendedores en España que han logrado sus objetivos y ahora mismo tienen una empresa en la que han podido contratar 6 o 15 o 100 trabajadores y que va viento en popa y son la mar de felices. Pero seguro que al principio no fue un camino de rosas: horas de trabajo gratis, jornadas interminables, dolores de cabeza… Pero el que algo quiere algo le cuesta.

Sólo un matiz, un emprendedor (sobre todo en esta época de crisis económica en la que te haces emprendedor más por necesidad que por habilidad) suele tener poca formación en administración y dirección de empresas (por ejemplo un jardinero que monta su empresa, o un comunicador que monta su web), por este motivo, muchas veces sus trabajadores no están contentos. Aunque el origen sea un proyecto muy querido, cuando se empieza a contratar parece que se pierde el control de lo que se hace. Ya no es sólo una idea de 3 amigos, si no que se convierte en una empresa con empleados a los que hay que guiar, reñir o felicitar, enseñar o apoyar, y a muchos emprendedores les falta esta apatía. Suelen pretender que sus trabajadores pongan las mismas ganas que ellos mismos pusieron al principio, pero se olvidan que la idea fue suya, no de los trabajadores, y que no todo el mundo está hecho para emprender. Algunos simplemente quieren que les mandes faena para hacer.

En el ámbito de las grandes empresas también podemos encontrar emprendedores. Muchos líderes (como quieren ser llamados ahora los directivos) difunden un nuevo discurso en el que explican cómo sus empresas están llenas de emprendedores, de ideas, de gente con iniciativa que busca en las nuevas tecnologías una mejor forma de vida.

Me ahorraré la palabra concreta que utilizaría, pero básicamente es mentira. En las grandes empresas suele haber mucho talento que pocas veces o en pocas empresas está realmente valorado. Al final el tanto de un posible proyecto positivo y efectivo de una gran empresa se lo lleva la marca, no la persona. “Claro, pero es que sin el dinero de la empresa esa persona o emprendedor no puede llevar a cabo su proyecto”, me diréis. Y sí, tenéis razón. Por eso volvemos al primer punto que os comentaba. La gran empresa acaba siendo el socio inversor que tendría un emprendedor por cuenta propia. Te exprime para que saques lo mejor de ti. Ya será cuestión de cada empresa que de ese zumo que saque tú veas un duro o no.

Por lo tanto, tenemos estos tipos de emprendedores

  • Emprendedor por cuenta propia contento
  • Emprendedor por cuenta propia contento que no tiene ni idea de gestionar una empresa
  • Emprendedor por cuenta propia descontento (con inversores o con el resultado)
  • Emprendedor en una gran empresa contento
  • Emprendedor en una gran empresa descontento

¿Qué tipo de emprendedores sois vosotros?